El Gobierno difundió los datos finales de las pruebas Aprender que se tomaron en octubre a los alumnos de 6° grado y 5° y 6° año de todo el país. Los resultados son desastrosos. Siete de cada diez chicos que terminan el secundario tienen graves deficiencias en lengua y matemáticas. El 41 por ciento apenas si puede resolver las cuatro operaciones aritméticas básicas. El 47 por ciento no alcanza a comprender textos de relativa complejidad. Las causas, muchas. Los principales responsables, el Estado, el sistema educativo y los docentes en mayor o menor medida.
“Los resultados son malos. En general, en el contexto la Argentina está cayendo en Latinoamérica. La situación se agrava en matemática, se agrava en el secundario y se agrava en la escuela estatal. Esa es la progresión que vemos y sobre la que tenemos que trabajar”, dijo el ministro de Educación Esteban Bullrich.
Las pruebas Aprender, que vinieron a reemplazar al Operativo Nacional de Evaluación (ONE) que se hacía durante el gobierno anterior, fueron rechazadas enérgicamente por los gremios docentes al momento de su lanzamiento. Gremios que hoy tienen a la educación sitiada, con paros que toman de rehenes a casi nueve milones de chicos, en reclamo de derechos de los docentes, justos en su mayoría, pero sin hacer, nunca, un mea culpa de las fallas de sus representados a la hora de pararse frente a una clase. De eso hay sobrada evidencia, todos los días y en un nivel que alarma.
Que no todos los docentes caen en la misma bolsa, ni hace falta decirlo. Que el sistema educativo actual es un fracaso, nadie lo duda. Que los gremios reclaman por reivindicaciones justas, no se discute. Pero los resultados de las pruebas hablan por sí solos: siete de cada diez chicos ya tienen su futuro condicionado por una educación de base deficiente. Y eso es para que cada uno de los actores en este escenario lamentable, Estado, docentes, gremios, se lo hagan ver. Porque, de seguir por estos rumbos, muy mal vamos.





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