"RECONOCIMIENTO PÚBLICO"




A 150 años de la fundación del diario decano de la Prensa argentina, los diputados santafesinos aprobaron "en bloque" un proyecto de "reconocimiento público" al diario más antiguo del país. Nunca es tarde cuando la torpeza es buena.



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El diario más antiguo del país, La Capital, cumplirá el 15 de noviembre 150 años de su primera salida a la calle. Por ese motivo, un diputado santafesino presentó un proyecto en la Cámara baja de la Legislatura de Santa Fe para que se apruebe un "reconocimiento público". En un "generosísimo" gesto político por parte de los diputados provinciales, "todos los bloques" apoyaron la propuesta. Pero eso no es todo. Además, añadieron al "proyecto" que se les entregue un "diploma" a los directivos del diario. 

Señalada esta "lúcida" iniciativa que acaba de aprobar la Cámara de Diputados de Santa Fe y yendo a lo verdaderamente serio, todos los periodistas rosarinos que alguna vez tuvimos el privilegio de escribir para sus páginas, habremos de celebrar ese día con profunda emoción, no sólo por haber tenido ese privilegio, sino porque, además, el diario decano de la Prensa argentina fue siempre para los rosarinos una parte inseparable de su vida ciudadana; tan arraigado en sus costumbres cotidianas que hasta lo consideran como un sello de pertenencia, un "fierro en el anca", como se suele decir en el campo argentino para señalar que algo que nos es propio. 

Y más cuando hasta el propio nombre del diario lleva en su génesis la férrea voluntad de su fundador, Ovidio Lagos, de que Rosario fuera entonces la capital del país, que en aquellos años estaba envuelto en una sangrienta lucha entre compatriotas, unos federales, otros unitarios. De hecho, Lagos funda La Capital con el espaldarazo político del caudillo federal entrerriano Justo José de Urquiza, el vencedor en Caseros del unitario Juan Manuel de Rosas.

Mucho es un siglo y medio para hablar aquí, a vuelo de pájaro, de la nutridísima historia del diario rosarino y del peso que tuvo en la conformación política del país. Pero sí se puede decir que, con sus altos y sus bajos, siempre ha honrado su compromiso con los lectores, que no fue otro que el de ser veraz en la información, independente en la opinión, responsable en sus afirmaciones y defensor de los valores morales de la sociedad.

Aquel diario tamaño "sábana" que salió a la calle como vespertino la tarde del 15 de noviembre de 1867 y del que cada edición (a veces eran más de una en el día) era anunciada con un disparo de cañón, tuvo entre sus periodistas a personalidades de la talla de José Hernández, entre otros brillantes escritores, lo que habla del prestigio que por entonces ya había ganado entre los grandes de las letras nacionales.



Desde entonces se convirtió en lectura obligada de cada mañana en cada hogar, en cada café rosarino. Si alguien no lo había podido comprar, se lo "mangueaba" al vecino. Si un bar no tenía La Capital en sus mesas a disposición del cliente (que se ofendía si no lo encontraba), era considerado una suerte de "sacrilegio". Los recortes de sus páginas llegaban hasta las aulas escolares para los trabajos prácticos de los chicos y hasta eran presencia permanente en los sanitarios, algo que no hace falta andar explicando demasiado.

Desde 1889, cuando su sede editorial y su taller se instalan definitivamente en el histórico edificio de Sarmiento 673 que hoy ocupa, el "diario de los rosarinos" no sólo marcó un hito en la Prensa nacional, sino que abrió huellas para casi todos los periodistas de Rosario y la región; que luego de pasar invariablemente por la "escuela" de La Capital, desembarcaban en la radio y después, cuando ésta llegó a la ciudad, en la televisión. 

Ni entonces ni nunca hubo diario en Rosario que le hiciera sombra. Ni los vespertinos La Tribuna o Crónica, de mucha tirada en los años 60 y 70 y casi una religión su lectura al levantarse de la siesta, pudieron imponerse; y terminaron desapareciendo. En tiempos más cercanos, otros hicieron el intento de posicionarse como primer diario y no consiguieron ubicarse ni siquiera como segundo, aunque uno de ellos sobrevive a duras penas y gracias al accionar de la propia Editorial Diario La Capital, algo que necesitaría un análisis aparte.

Y aunque es obligado trazar una divisoria entre el pasado y el presente de La Capital, puesto que las nuevas tecnologías digitales fueron incorporando formas periodísticas que distan mucho de aquellos cronistas a lápiz, libreta y teléfono más a mano que se encontrara, linotipistas, escribas a máquina y redacciones con teletipos hasta las que llegaba el olor a tinta de los talleres, justo es decir que aquella "sangre de diario" en los periodistas gráficos de La Capital no se ha perdido. 

Claro que por estos días hay excepciones que enturbian un poco la acequia. Los lectores lo saben. Lo comprueban todos los días y sería poco honesto no señalarlo. Pero es seguro que la historia de un diario como La Capital y su centenario prestigio prevalecerán tarde o temprano por sobre las flojeras o malas mañas de algunos que circunstancialmente pasan por sus filas, sin la calidad profesional que el diario merece y, en más de un caso, sin respeto por los lectores; como tampoco por sus colegas, de los que muchos fueron aprendices y hoy se dirigen a ellos como si fuera al revés.

En 1998, cuando el formato "sábana" pasó a ser historia y el diario se transformó en un moderno tabloide a color, los lectores de La Capital temieron que "su" diario perdiera su esencia. Pero no fue así. Como en aquellos días fundacionales, el diario siguió contando lo que pasaba en la vida de los santafesinos y de todos los argentinos con el mismo particular estilo: el de hablarle a sus lectores con sus mismas palabras y tratarlos como a familiares; sin caer nunca en el amarillismo o el lenguaje impropio (cuando no grosero), algo que hoy parece ser moneda corriente. Y eso es algo que muy pocos diarios en el mundo han logrado sostener. 



Para los periodistas que -como quien esto escribe-  han tenido la fortuna de respirar ese olor a tinta de los talleres, andar por sus pisos de embaldosado blanco y negro, asirse a los barandales de centenario arte ornamental en su planta superior o sentarse en sus despachos revestidos de finas maderas talladas, donde hasta se pueden sentir las antiguas voces, pasos, aromas de aquellos periodistas que parieron La Capital, este 15 de noviembre será mucho más que el aniversario de un diario. Será un día de enorme júbilo para los que llevamos el periodismo escrito en la sangre.

Y aún más para los que han forjado amistades entrañables en su seno. En el caso de quien esto escribe, con el "histórico" jefe de Redacción, Daniel Abba, la "pura sangre La Capital" Any Lagos, el cronista de deportes Javier Parenti, uno de los mejores escribas deportivos del diario, Daniel Carrizo, fotoperiodista de excelencia con el que hemos graficado tantas notas y en situaciones nada fáciles, así como con muchos otros grandes periodistas que han sido una escuela en sí mismos y de los que muchos hemos aprendido tanto; aunque no lo hayamos aplicado con su solvencia.

5 comentarios :

  1. Hola, Nobel querido. Ya estoy disfrutando de la jubilación. A ver cuando nos juntamos a tomar un café.
    Daniel.

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  2. Excelente nota. El buen periodismo de La Capital ya es historia.

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  3. La Capital de hoy dista mucho de lo que fue históricamente. En esta nota se puede ver la diferencia entre sus antiguos redactores- como quien escribe aquí- y los pasantes o acomodados políticos que escriben por estos días.
    Éste es un verdadero reconocimiento a un diario tan prestigioso y a periodistas que realmente merecerían ocupar sus páginas.

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  4. Hoy x hoy La Capital es un desastre. Si Ovidio Lagos se levanta de la tumba los echa a todos.

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  5. Un saludo afectuoso para el periodista que firma esta nota. Un gran defensor de la verdad en el periodismo y, además, de nuestra cultura nacional y la música nativa.

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